El gato de Sara

Es un gato negro, muchos huyeron de él, sobretodo por el aspecto desaliñado, la oreja un poco caída y la otra sin un trocito, el gato de Sara era un luchador nato, había sobrevivido a lo peor del mundo humano, a todo lo malo y a lo poco bueno que se había encontrado, hasta que se encontró con su dueña.

No obstante aunque ahora sea un gato de casa, no se puede cambiar la naturaleza de los animales, y muchos de aquellos que han sido vagabundos la mayor parte de su vida así que el minino salía cada vez que Sara salía a trabajar o se quedaba dormida como un tronco después de una gran dosis de calmantes.

Al ser un gato negro, la noche le daba el poder de la invisibilidad, nadie le prestaba atención y los pocos que se cruzaban por su camino se apartaban de él. ya sea por la mala fama que tienen los gatos negros o bien por el miedo a la rabia.

Sea como sea, el era el dueño de la noche, salía al balcón y con un salto muy elegante caía sobre una furgoneta chatarrera y se perdía por las calles de Madrid.

Le encantaba recorrer las calles aledañas a su nuevo hogar, fuera la hora que fuera, siempre había algo que ver y observar.

Una persona asomada en una ventana fumando, o bien una pareja discutiendo, en ocasiones se encontraba a un grupo de chicos de los cuales sabía que tenía que huir, no le daban buena espina, y de eso los gatos saben mucho, no por ende son unos animales muy ariscos.

Nunca sabía el tiempo que llevaba caminando, algunas veces echaba de menos la vida callejera, pero sabía que haber conocido a Sara era lo mejor que le había pasado en su sexta vida, quería vivir su penúltima y última vida de la forma más tranquila posible. Nunca sabes lo que puede pasar, él lo sabía por experiencia, había escapado de las manos de la muerte ya cinco veces y siempre de la forma más estúpida.

No quería morir de esa forma, si tenía que morir sería de una forma espectacular, en el sofá o por atragantarse con la comida que le daba su dueña.

A medida que caminaba, escuchó unos pequeños sollozos, sabía que eran de un humano, se acercó de la forma más sigilosa, y allí estaba ella, sentada en un banco del parque que estaba cerca a su casa, era una chica joven, con el pelo desaliñado, con todo el maquillaje borrado de su rostro, no lleva zapatos, los tiene en la mano, y a cada sollozo le sigue un grito ahogado, es la estampa del dolor, un dolor que él no conoce, y quizá jamás conozca.

Decide acercarse un poco más, se oculta detrás de un arbusto para poder escuchar mejor, por algo suelen decir que la curiosidad mató al gato, y a él ya le ha pasado cinco veces, con la cercanía puede decir que es una mujer hermosa, en términos humanos, para él Sara era la humana más hermosa del mundo. Sin embargo esta jovencita tenía algo que la hacía especial, algo mágico, podría decirse que su alma destrozada era un llamativo más que un repelente, agudizando más el odio, sus instintos, le indicaban que había entrado un nuevo actor en escena, un joven, con pasos cautos se acercaba, a la luz de la luna podía ver que su rostro también era una mezcla de sentimientos.

-Sabes, que no lo dije de verdad, lo sabes ¿no? – pregunta el con la voz temblorosa

-Sólo sé que hay algo de verdad en tus palabras- responde ella, secándose los rastros de lágrimas.

-Nunca- asegura, pero el gato sabe que no es verdad, lo huele, huele las mentiras a kilómetros.

-Siempre sonríes cuando mientes- contesta, y se recoge el pelo, creo que ella también huele las mentiras.

-No puedo evitarlo, son los nervios.- asegura el muchacho

-Creo que nos hemos hecho mucho daño…

-No , lo que no hemos sabido hacer es amarnos.- suspira él.

-Creo que primero tenemos que aprender a amarnos a nosotros mismos.- se levanta ella del banco y se acerca al chico, le rodea con los brazos- no supiste amarte a ti.

-Y tú tampoco supiste amarte a ti.- le abraza aún más fuerte y respira su perfume.- Pero creo que este no es nuestro tiempo y lugar, volveremos a este parque cuando estemos preparados.- concluye él, aún esperanzado.

Ambos se besan, se besan como si fuera el último beso de su vida, como si nunca más se fueran a volver a ver, ambos lloran, ambos suspiran y se quedan ahí congelados en el tiempo.

El pequeño gato negro decide salir de su escondite, trepa un pequeño muro y camina por las calles oscuras de vuelta a su hogar, trepa un coche verde, luego a furgoneta y por fin un salto más amplio al balcón, y se queda ahí mirando la luna, pensando en aquella pareja que el destino unió y luego ellos se separaron, o se unieron ellos y el destino los separó, todo puede ser, absolutamente todo puede ser, pero al final de esta noche no estarán juntos, no volverán a ese parque, ellos saben que no volverán, y si vuelven nunca coincidirán porque el miedo siempre los mantendrá lejos uno de otro.

Sara sigue dormida, a tirado la mitad de las mantas al suelo, y las almohadas están apiñadas una encima de otra, todos sus peluches se han caído y la pequeña lámpara está al borde de la mesilla de noche, esperando un último empujón para llegar al suelo.

Nunca, sabrá lo que siente Sara, nunca la ha visto interactuar con el sexo opuesto, así que no sabe como será una Sara enamorada, será interesante vivir para verlo.

Aún le queda la sexta y la séptima vida para presenciarlo.

Así de simple es la vida de un gato negro, no da mala suerte pero tampoco tiene suerte.

Photo by Pixabay on Pexels.com
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s