Entrevista con un suicida

CAPÍTULO II

LA MUERTE SOLO ES EL PRINCIPIO

Veo entrar a los médicos con su chalecos reflectantes y su maletines llenos aparatos creados para salvar vidas, uno de ellos me empuja contra la pared y por fin logro salir de mi estado de estupor.

Todo se mueve a cámara lenta, uno de ellos comprueba el pulso del escritor, otro comienza con la acción de RCP, no puedo escuchar lo que dicen, todo parece que se colase por un filtro al llegar a mis oídos y al final solo es un eco, lejano y sordo.

El hombre de mayor edad, da un último respiro antes de proceder a la respiración boca a boca, es como si estuviese viendo la ultima escena de una película con un mal final, de esas que te quedas con la intriga y te preguntas que pasa después pero nunca hay un después.

un tercer médico me saca de allí, y me lleva a la entrada y me apoya en una silla rota de del patio y observo como el querubín de moho se mofa de mi, me pregunto porque yo, porque he tenido que ser yo el que haya recibido el paquete y ver morir a alguien delante de mi.

Siguen llegando más ambulancias, y no sé si os habéis percatado pero las sirenas de la policía son totalmente distintas al de las ambulancias, es uno de estos pensamientos estúpidos que se te cruzan en el momento menos oportuno, pero en este momento es como si estuviese escuchando música clásica mezclada con rock, un sin sentido.

Al final, es un agente de policía el que me saca de mi estupor y me lleva hacia la entrada, es un hombre de unos 40 años, que a pesar de su edad se nota que se cuida mucho, no dejo de repetirme que debo de dejar de fijarme en los aspectos más banales, que tengo un posible hombre muerto a escasos siete metros de distancia.

– ¿Conoce al paciente?- me pregunta con una libreta en la mano.

– No- respondo pero me corrijo enseguida- Bueno, sí, es decir, lo iba a conocer hoy.- me mira con suspicacia

-¿entonces cómo sabía donde vivía?- arquea una ceja- ¿cómo entró en la casa de un desconocido? ¿le abrió él la puerta?-Siento como me inspecciona, no soy una persona que destaque por su belleza, tengo más el aspecto de un ratón de biblioteca.

-la revista para la que trabajo- aprovecho este momento para entregarle mi tarjeta de trabajo para identificarme- tenía pactada una entrevista esta mañana con él, pero nunca llego al lugar donde íbamos a realizar la entrevista, en su lugar llego un repartidor con un sobre.- Busco en mi portafolios el sobre.

-eso sigue sin explicar como entro en una propiedad privada- su tono era acusador, no podía creerlo, me sentía como un asesino, si lo único que había hecho era tratar de salvar la vida del escritor. Le expliqué absolutamente todo desde el momento de mi llegada, mi encuentro con el cartero y la ingeniosa idea de buscar una llave de repuesto.

-Espero que la vida de una persona prevalezca por encima de las leyes de la intrusión en propiedad privada.- le recalco, a fin de cuentas estamos hablando sobre leyes que no sirven si tenemos en cuenta que lo hice solo con la intención de ayudar. Esto me suele ocurrir muy a menudo, ayudo a una mujer y me tachan de machista, ayudo a un anciano y piensa que le voy a robar. el mundo cada vez cae más en la desconfianza del ser humano, podría utilizar las palabras de Einstein y decir que estamos en este mundo de paso y aunque no sepamos nuestro fin, quizá sea para ayudar a los demás.

-Me temo que ir a comisaría hasta que comprobemos que lo que nos dice es verdad.- y sin más de un solo golpe cierra la libreta que no ha dejado de rellenar desde que me sacó de la casa.

Me siento atónito en el pequeño escalón de la entrada, saco mi móvil y escribo a mi jefe. NOS VEMOS EN LA JEFATURA CENTRAL DE POLICÍA sé que ha tenido que ir varias veces a las comisarias por compañeros de la revista, sobretodo los fotógrafos, hay momentos en los que no saben distinguir lo que es noticia de lo que es intromisión de la intimidad.

Antes de guardar el móvil hago una última llamada, a mi madre, es una costumbre que muchos encontrarán fastidiosa pero tenemos el ritual de hablar siempre a la misma hora. Somos solo los dos después de la muerte de mi padre por un cáncer de pulmón después de dedicarse años a la minería y otros tantos a fumar. Nunca creo que me ha apetecido más que ahora tener un cigarrillo entre mis dedos pero lo dejé justo cuando a mi padre le detectaron las primeras etapas de la enfermedad y emprendimos el viaje que todo enfermo terminal comienza.

Trato de sonar normal durante la llamada, y aunque mi madre no haga preguntas sé de sobra que sabe que estoy metido en un lío.

Salen los médicos, llevan una camilla cubierta con una manta, no hay que ser un lince para saber lo que oculta esa manta, cuando los veo salir con la cara decepcionada, sé que el trabajo de los médicos es sin duda uno de los oficios más complicados, tienes la vida de una persona en tu mano, juegas a ser Dios en pocos minutos e incluso segundos, es por esa razón por lo que decidí dedicarme a escribir, no tenía nunca que relacionarme con la muerte, me miro en la ventana y veo lo irónico de la situación.

Cuando sale el último miembro del Samur, me atrevo a preguntar lo obvio.

-¿Está muerto?- me mira como si tuviera dos cabezas, coloca una de sus manos en mi hombro y me dice: Hiciste lo que pudiste dadas las circunstancias.

-¿Lo hice?- es una pregunta que me estaba muriendo por hacer -¿Si hubiese llegado antes lo habría salvado?- siempre he odiado los y si… Pero en este caso es así, de verdad no sé si hice lo suficiente.

-Todos hicimos lo que pudimos, cuando una persona está decidida a morir, hay muy poco que se pueda hacer, no hubiese sido hoy, no nos hubiese tocado a ninguno de los que estamos aquí, pero así es la vida. En esta jugada tuvimos una mala baraja.

Me quedo pensando en lo que me acaba de decir, que a pesar de su oficio, esta persona sigue viendo el lado positivo, y en cambio yo sigo estando en trance desde que recibí la carta. Me pregunto porqué me eligió a mi, porqué eligió mi revista, porqué me envió a mi el sobre y no a otra persona, estoy seguro que tendría a cientos de amigos, colegas, o incluso su agente, su editor, porqué yo un simple periodista de una revista mediocre.

No creo que nunca sepa la respuesta, la única persona que me podía dar una solución yacía en la camilla rumbo al tanatorio. El agente de policía sale de la casa, con guantes y una caja donde lleva: un ordenador, la cámara de fotos que vi al entrar y varias cajas de pastillas. y con gesto hosco me señala que camine delante suyo, ¿mi destino? no es el tanatorio sino una sala de interrogatorio donde paso hasta la media noche. Mi jefe ha estado conmigo aunque no hemos podido hablar demasiado, porque a él le han interrogado, comprobando que nuestras historias son las mismas. Cuando el reloj de la sala marca las doce y media, y después de dos visitas al baño y cinco cafés malos de la máquina expendedora por fin nos dejan libres, no sin antes advertirnos que no podemos salir de la ciudad hasta nuevo aviso.

Supongo que ya me puedo despedir de mis vacaciones. Bali era el destino de este año, mentira. Supongo que podré ir al pueblo en cualquier otro momento es el único sitio donde desconecto de todo lo referente al mundo de la información.

Suelo llevarme DVD y pasar mis vacaciones delante del televisor viendo los grandes clásicos: la trilogía del Padrino, Lo que el viento se llevó, y así hago un repaso por las películas que han marcado mi infancia y juventud y esta temprana madurez. Mientras viajo en el taxi, sí, soy de esos que aún espera en la calle a que pase un coche blanco con una linea roja inclinada, pienso en todo lo que ha pasado desde que me desperté y achaco toda esta situación inverosímil a un café amargo que me tomé a las diez de la mañana, me gusta el café, adoro el café solo fuerte, con su toque de azúcar, y solo soy persona cuando tomo un café, pero ese café fue el inicio de toda esta muerte anunciada.

Cada vez que lo pienso, no puedo evitar echarme la culpa, podría haber llamado desde que recibí el paquete, incluso antes cuando mi cita llegaba tarde, la policía no fue directa pero me dio a entender que solo si hubiera actuado con diez minutos antes los médicos lo podrían haber salvado.

Ahora solo siento la culpa que me persigue como una sombra grotesca.

En mi cabeza comienzo a redactar la esquela del Julio Vega, autor destacado, con una prosa vivaz, con historias de amor que se han desvanecido, a fin de cuentas su muerte solo es el principio de todo lo que se escribirá después de él.

La muerte, su propia muerte.

Anuncios

One response to “Entrevista con un suicida

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s