El nombre invisible

Sonríe, alma rota, sonríe.

Mira a la ventana con tus ojos cerrados

espera la tormenta, siente el aire,

huele a tormenta en el horizonte,

las aves se han ocultando,

escuchas las sirenas de las coches,

rompiendo el mudo silencio de la ciudad.

Sonríe, pequeña, siente el aire helado de marzo;

la llovizna, sal al balcón, grita.

¡Grita! Niña de otoño, grita tu dolor, el que no te deja.

Deja que la llovizna ahora lluvia, enjuague las lágrimas

que no paran de caer de tus ojos almendrados

¡Llora! ¡Ríe! ¡Canta!

Lo único que espero que es que sientas algo,

que tu corazón vuelva a latir, que en tus venas finas

circule nuevamente sangre.

Solo espero que vivas para que veas el mañana

después de la tormenta, después de la lluvia.

Vive, aunque todo diga no

VIVE.

Y cae la lluvia,

y caerá hoy

y mañana pero no dejes que la muerte te tiente,

con su sonrisa cálida de verano.

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