Abandoné el café con dos cucharadas de azúcar por un

Té.

Solo

Amargo, simple sin recuerdos.

Abandoné un café de las diez

Por un té a las tres.

Sin nervios, sin sueños, ese café era el alimento

De un alma triste y rota

Que soñaba con sueños de algodón de azúcar

que no llegaban nunca.

Ahora solo hay un té

Con la esperanza de un quiero

Te quiero

Que tampoco llegará nunca.

Un te quiero sin azúcar, con bebo mi té.

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