Los que se quedan

Cómo decir adiós, todos estamos preparados para decir adiós, aquí pongo un punto y final a todo. Siempre supuse que sería capaz de decir adiós pero no esta siendo así.

Es difícil escribir una historia donde no sé encontar el principio, mi infancia no fue como la de los demás, tuve dos figuras paternas así como dos figuras maternas, mis padres biológicos que debido a las circunstancias de mi país de origen tuvieron que emigrar, y yo me quedé con mis abuelos maternos, a los que pasé a llamar papá y mamá. Las cosas que sé de la vida desde cocinar hasta como cambiar una rueda de un coche es gracias a ellos.

Me criaron a la antigua usanza, con rectitud, muchas normas, algunas que ahora puedo decir que eran un tanto machistas, mis abuelos eran mis padres, no había castigos físicos, era como si fuera una hija más. Iba al colegio, hacía mis tareas, y mi abuela me enseñaba a cocinar, planchar, lavar la ropa a mano, iba a comprar, la vida que habían vivido mi madre y mis tías, mi abuelo me enseñaba como colocar una batería en un coche, o como cambiar la rueda de un coche, puedo nombrar todo los nombres de las herramientas de un taller.

Puedo recordar tantas cosas de mi infancia con ellos, es difícil apartarlos. Así sé fue primero mi abuelo sin avisar, se quedó dormido debajo de su coche viejo, un infarto, no sufrió, y el mundo sé paró vinieron personas desde todos los lugares del país a rendir su pésame porque mis abuelos nunca habían duda en dar incluso lo que no tenían, repartían comida entre los que lo necesitaban, te acogían como un hijo sea quien seas con tan de ayudarte. La Iglesia de la ciudad con capacidad de trescientas personas no fue suficiente para todos los que vinieron a llorar la muerte de mi abuelo. Y yo en esos momentos ya había emigrado y por desgracia no pude ir a despedirme de mi padre. Supe por primera vez lo que era la impotencia.

El día 21 de julio del 2020 falleció mi abuela, no, mi madre, mi mamita Charo, Rosario Obando Ponce, se libró en toda su vida de morir 3 veces primero por un atropello, después por caer desde un barranco, y luego de morir aplastada entre dos coches, le predijeron su muerte a los 80 años, pero también desafió ese presagio, era más testaruda que una mula.

De carácter fuerte, con una voz clara, decidida, de paso ligero, le gustaba que las cosas se hicieran con la mayor rapidez posible, nunca dejaba de tomar una cucharada de azúcar y café negro. Ella me enseñó esa mala costumbre que conservo hasta hoy, una taza de café por bandera todas las mañanas y si puedo por las tardes también. El afán por el azúcar que lo he dejado y cada vez que veo un dulce sonrió porque me acuerdo de ella.

Nunca la llamé abuela, porque siempre fue como si fuera mi mamá, me cuidó y educó como a su hija, a la antigua usanza con rectitud y mano dura.

Me enseñó lo duro de la vida y que ante todo hay que buscar un sol, una luz y que cuando creemos que no podemos seguir, siempre hay fuerzas para seguir adelante en la vida y bailar y reír.


Mamita Charo, mi mamá dejó esté mundo, lo último que me dijo antes de partir era que yo su compañera de viaje, claramente me engañó, ella emprendió antes un viaje donde se fue a dar encuentro a su eterno amor, está ya con mi abuelito, con mi papá.

Y yo seguiré aquí viajando, viviendo y luchando con toda la fuerza que me enseñó.

Hasta siempre mi viejita, perdóname por no llegar a tiempo, el aeropuerto no abrió para ir a darnos esos abrazos y besos que eran nuestro hogar. Te quiero ahora y todos los días de mi vida.

A tu entierro no asistirán esas trescientas personas porque el mundo es un caos por un virus, que tampoco pudo contigo mamita, no te llevo a ti, te fuiste cuando quisiste, cuando sabías que era tu momento.

No obstante, Carmen Rosario Obando Ponce, deja el vacío más grande que puedan imaginar. Las redes sociales se hacen eco de tu partida, las llamadas y mensajes, desde todos los rincones del mundo nos llegan las palabras de apoyo y aliento para seguir adelante.

Los que nos quedamos somos los que sufrimos y sufriremos pero sé que sea donde sea que estés nos estás vigilando y cuidando. Como una madre.

Hasta el último momento fuiste una madre, dándonos ánimos.

Te quiero muchísimo mamita Charo.

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