Cruzar el puente

Al despertar fue un día normal, me desperté para ir a trabajar, me duché, me vestí y salí a tomar el autobús.

Eran finales de noviembre y el frío en la ciudad se hacía presente, la mayoría de las personas aún dormían, solo pocos éramos los que nos despertábamos a esas horas, los trabajadores de clase baja, los acusados por deudas y los que tienen que mantener una familia.

A mi espalda no hay hijos que cuidar, ni padres que dependan de mi, simplemente quise hacer a todos felices y tenía que ser fuerte, nadie más que yo podía ser más fuerte.

Más fuerte que Hércules, me creí invencible, cree un personaje que era capaza de hacer todo, capaz de levantarse, una y otra vez, a la que el daño no era más que un rasguño, alguien inalcanzable, capaz de dar siempre a todos lo mejor, sin que nadie pudiera lastimarme.

Así eran mis días, uno y otro, todos los días resolviendo la vida de todos, resolviendo el caos, resolviendo todo menos mi vida, nunca yo.

Yo no existía.

Sonría hasta el punto que todo que era natural, hasta que un día, me levantas y me vi en el espejo y no distinguí que es lo real y que es lo irreal.

Me miré en el espejo y lo que vi era mi realidad, una sonrisa falsa y sin vida.

Bajé las escaleras del metro y vi rostros, escuché conversaciones banales, y nada en esta vida me ata, nada me hace especial.

No era nadie, miraba las vías del metro y me imaginaba en tirarme, pero calculaba en el contratiempo que serías para todos los pasajeros del tren, pensaba en la vida del maquinista, el susto que le causarías si me atropellaba, y como siempre terminaba pensando en los demás antes que en mi.

Cuando llegué a mi destino, a mi trabajo, veo que sigo estando en el trabajo que dije que sería temporal, mientras terminaba de estudiar pero nunca pude dejarlo, han pasado los años y sigo ahí, limpiando las escaleras, recogiendo papeleras, limpiando váteres, y vuelves a ver mi rostro en el espejo y me río una ves más de mi.

No sirvo para nada.

Hoy el aire es distinto, recorro las mismas calles, hago mi trabajo, pero sé que ya no puedo más, veo un tío vivo, veo como sube y baja, lo veo hipnotizada y durante un instante, y sé que no puedo más que necesito bajarme de este mundo, recorro las calles y voy hasta ese puente en medio de la ciudad que recorren miles de personas, el puente de los suicidas y miro a mi alrededor, todos con traje, todos ataviados y con prisas, nadie repara en mi.

No soy nadie.

Nadie me ve.

Traspaso las verjas y sé lo que tengo que hacer; un salto y la gravedad hará el resto, un salto y lo que pasé después, una aventura jamás contada.

Con pasos trémulos me acerco al borde del puente, miro la altura, no hay vuelta atrás.

Me confieso ante Dios, con pasos débiles avanzo y dejo todo escrito, soy donante de órganos, no quiero que me resuciten ni me mantengan con vida asistida, mis últimas voluntades, si por una vez hacen lo que pido, espero que me hagan caso y cumplan mis deseos. ¡Ah se me olvidaba, quiero que me incineren! y me tiren en el Pacífico, así estaré en medio de los dos continentes que me han visto nacer y vivir.

Lanzo una última plegaria y pido perdón a ese ente mayor, a mis padres y oro, no soy consciente de cuanto tiempo ha pasado, para mi un instante, sin miedo ni titubeo muchas me suelto y lanzo al vacío a la espera de pase lo inevitable pero cuando creo que por fin voy a ser libre, he saltado, siento como alguien tira de mi, me sujeta y la muerte dichosa nunca llega.

Grito, pataleo, lloro, y ruego porque me dejen morir pero cuando abro los ojos veo a un bombero, a un policía y a médicos que se están jugando la vida por mi. Me sujetan y me hablan pero no entiendo nada, solo que sigo viva y que mi muerte frustrada tiene fin ese día en medio de ese puente.

Miro a mi alrededor y sé que no hay salida, la fachada se cayó en el puente, esa máscara, esa sonrisa falsa se quedó en mitad del puente.

La persona que se va en la ambulancia es otra persona, una persona que comenzará desde cero con todo lo que ello implica.

Ahora soy alguien una persona.

Soy una persona con una enfermedad de salud mental.

Soy una persona que sufre de depresión y ansiedad.

Soy una persona que pasa días buenos y malos pero ahora todos los saben y puedo decirlo sin que nadie me juzgue.

Soy una persona que está aprendiendo a quererse.

Ahora soy yo primero

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